Año de nieves, ¿año de bienes?

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21 junio, 2013 por angelalcaldebuitrago

ImagenHoy quiero poner sobre la mesa un debate que en la sierra lleva latente muchos años, tantos como de historia tiene el Canal de Isabel II. Sí, el agua… esa bendición caída del cielo para unos, pero no para todos.

En esta ocasión no es a los políticos, sino realmente a quien me gustaría que llegara este mensaje es a los ciudadanos de la metrópoli, la ciudad para cuya subsistencia es tan necesario que exista este recurso natural, y para los cuales es tan natural el hecho de abrir el grifo para obtener agua como pagar religiosamente a fin de mes la correspondiente factura por este servicio.

Pero alguien se debería parar a pensar si esta ecuación está equilibrada… el agua es de todos, la sierra no tiene más derecho que la ciudad, por supuesto. Pero cuando un ciudadano paga su factura, lo  que no se para a pensar probablemente es si con ello se paga cada una de las partes implicadas en el ciclo del agua:

–       Una parte, por supuesto, es para la parte encargada de crear o mantener las infraestructuras de captación de agua (presas, tuberías, depósitos, etc…). Sin esas infraestructuras, aquellos que está más alejado del agua no tendría acceso (probablemente el problema no sería el mismo para los que tenemos el recurso más cerca por su trazado natural, es decir, los ríos).

–       Otra parte, evidente, es para mantener la red que abastece a cada domicilio. Que el agua llegue a cada una de las casas de cada municipio también tiene un coste de mantenimiento.

–       La tercera parte, a veces olvidada en cuanto al mantenimiento como infraestructura (no lleva contadores), pero igual de importante, es la evacuación de las aguas residuales. El agua igual que entra en cada casa debe salir después de su uso.

–       La última parte, gracias al progreso, tiene que ver con la depuración. Devolver el agua al cauce del río ya sucia no parece una medida acorde al sigo XXI y por tanto, existen eficaces sistemas de depuración que permiten que esa agua sea reutilizada y los cauces se mantenga limpios.

Pero históricamente se ha olvidado un coeficiente, igual de importante que los cuatro mencionados que habitualmente vemos en nuestra factura: mantener el entorno y el hábitat donde el agua se almacena… es decir La sierra de Madrid. La calidad del agua es incompatible con desarrollos urbanos e industriales intensos, es decir, la legislación no permite a la sierra desarrollarse en aras de un bien común, que es la calidad del agua de todos los madrileños, y la obliga a mantenerse con escasa población y menos posibilidades de empleo. Hasta aquí aceptado. Pero… no sería coherente y consecuente que esa falta de desarrollo de la sierra, patente en todos los parámetros que indican el grado de desarrollo de una sociedad (menor renta, menor índice de estudios de sus ciudadanos, mucho peor acceso a servicios de transporte, sanidad, educativos y culturales entre otros muchos y que está perfectamente documentado y cuantificado) a los que la sierra se ve obligada por pagar el peaje de tener pocos habitantes, derivado de la responsabilidad de conservar y almacenar el agua de la Comunidad de Madrid se vea agravado con el agua.

En pocos días asistiremos a la primera Asamblea General de Accionistas en la historia del canal de Isabel II (ahora Canal Gestión), debido a que ahora cuenta en su accionariado con 111 municipios que participan de los beneficios que rinde la sociedad (con el 17,60% de los títulos de la empresa). Está posibilidad se brindo a todos los municipios de Madrid, participando en un porcentaje determinado por el número de habitantes de cada uno. Para que sepamos lo que esto puede significar, un municipio como Buitrago del Lozoya, que tiene más del 50% de su término municipal afectado por recursos hídricos, es decir, inundado, participaría con una cantidad teórica si vendiera la parte que se le propuso, cercana a los 50.000 euros, mientras otro municipio sin estas afecciones, y que lo que realmente obtiene del agua es el beneficio que ofrece en cuanto a desarrollo (viviendas, polígonos industriales, etc…) como pueda ser Fuenlabrada se beneficiaría con 30 millones de euros. Es decir, una vez más agrandamos la brecha entre las zonas rurales y las zonas metropolitanas, pero esta vez, debido al agua que lo inunda. La casi totalidad de los municipios de la Sierra Norte de Madrid se opusieron a esta infamia, negándonos a firmar con el Canal de Isabel II un convenio a 50 años que nos trataba, como municipios pequeños y fundamentales en la gestión del agua, de la manera más déspota y desproporcionada que se pueda imaginar.

No se si será un error por nuestra parte, tal vez depende del precio que le ponga cada uno a su propia consideración, pero tendremos que acudir año tras año, mientras la administración regional y estatal no corrija este despropósito, a ver como los grandes se reparten pingües beneficios y a los municipio de la sierra se les obliga a pagar por mantener un servicio básico como es un helicóptero de emergencias, que además da servicio a toda la Comunidad de Madrid. De todas formas, nos dejaban las migajas…

Ciudadanos de Madrid, pensad en esto cada vez que abráis el grifo en vuestras casas, que los serranos, los ciudadanos que habitan la sierra, los cuales carecen de muchos de los servicios que se ofrecen a la metrópoli en aras a conservar esa agua, se les niega la posibilidad de un futuro, de una escuela de música para nuestros niños, de centros médicos suficientes, de una oficina de empleo, de un transporte avanzado,  de guarderías, de universidad… y tantas y tantas cosas que cada día nos quitan o dejan de financiar, porque “somos pocos”. Sin embargo, nosotros estamos orgullosos de poder deciros que cuidamos y mimamos el agua y el entorno que lo protege, que es de todos, y que podéis venir a disfrutar de esta maravilla que es la Sierra Norte, que seréis bien recibidos. Nosotros también podremos acudir, de vez en cuando a la ciudad a disfrutar de esa maravillosa infraestructura cultural de primer orden como son los Teatros del Canal…

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Un pensamiento en “Año de nieves, ¿año de bienes?

  1. Vicente G. Pachón dice:

    Yo prefiero hablar de “habitantes” que de “ciudadanos”. La palabra ciudadanos se asocia desde la Revolución Francesa a la igualdad de derechos para todos, pero tiene en si misma la semilla de una discriminación: los ciudadanos son los habitantes de las ciudades, orgullosos de su condición libre, desde la que reivindican sus derechos; pero al hacerlo identificándose a sí mismos como “ciudadanos”, dejan de lado a los “campesinos”, los habitantes del campo.
    Yo, que me levanto todos los días ciudadano y me acuesto campesino: prefiero reivindicar los derechos iguales para todos los habitantes, los del campo y los de la ciudad, los del norte y los del sur, los “nacionales” y los “extranjeros”.

    Y cuando se mira desde esa posición observadora de quien vive a caballo de dos mundos, no cabe duda alguna sobre la manera injusta en que se reparten las cargas y los beneficios en la gestión de ese bien común, como se dice del agua. Ese agua que se reivindica de todos por que cae de los cielos, y no como el petróleo, que es de quien lo encuentra; como si el cielo fuera de un Dios que regala a todos por igual y el subsuelo fuera de los infiernos del Diablo y tuviera premio para quien se lo arrebatara.

    Tras el escudo de “los derechos de los ciudadanos”, se esconde con frecuencia la arrogancia déspota -con frecuencia infantil y banal, con esa inocente “banalidad del mal” que supo poner al descubierto la pensadora alemana/americana Hannah Arendt- de unos pocos ciudadanos que toman al resto de los habitantes del país -ciudadanos o campesinos- por sus súbditos, y utilizan el poder que tienen delegado como un privilegio o como un juego, y no como un servicio o una obligación.

    Y efectivamente, ya sea de manera culpable o inocente, los ciudadanos se olvidan siempre de que la necesidad de acumular grandes reservas de agua que tiene la ciudad de Madrid determina la ocupación de grandes extensiones de territorio para almacenar en grandes lagos artificiales el agua de las sierras donde viven los campesinos. Y que en esas sierras de donde viene el agua, el agua, captada y almacenada por el CYII, no llega siempre a las casas con la misma “naturalidad” aparente con la que llega a cualquier piso de Madrid; y que cuando los “ciudadanos” del campo reivindican sus derechos iguales y piden agua y saneamiento, no reciben igual respuesta ni igual trato que los “ciudadanos” de la ciudad.

    Y todo eso ocurre, porque el agua, más que como “bien” común, se gestiona como “recurso” económico.

    Y eso, en el concepto que reina en la “economía”, según el cual todo se mide por el beneficio, se traduce en que lo que no es rentable para el gestor del recurso -que mide su éxito por el beneficio obtenido como renta de la inversión de un capital público- se interpreta por éste, de manera interesada y malévola, en términos de “inviabilidad económica”.

    Y como los gestores del agua son también los gestores de los medios de comunicación dominantes -que como con el agua, gestionan en virtud de un poder que no les pertenece sino de manera temporal y delegada-, no dudan en transmitir a “sus conciudadanos” el mensaje de que para reducir los costes de los servicios de que disfrutan y mejorar así sus condiciones de bienestar, es necesario prescindir de costes superfluos, como son los de prestar a los habitantes de las sierras ese servicio al que todos los ciudadanos tenemos igual derecho.

    En fin, que lo que pasa es que el agua, gota a gota, es un gran negocio. Y sus gestores, de manera nada desinteresada, piensan que los habitantes de la sierra -relegados a campesinos ignorantes- en lugar de protestar tanto, deberían estar agradecidos por las ayudas que reciben como limosna, que si no de qué, y conformarse con lo que tienen.

    Y eso, mientras dudan entre exterminarlos o sacar beneficio de ellos, convirtiendo las sierras en un gran parque temático, una reserva poblada por exóticos y pintorescos indígenas, que todo llegará, como en el Mundo Feliz.

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